| El Parque Nacional Vicente Pérez
Rosales es el más antiguo del país, siendo creado en 1926, con
una superficie de 251.000 hectáreas y ubicado en una de las zonas
más privilegiadas del país. Sus principales atractivos radican
en un relieve de volcanes y montañas, grandes bosques de árboles
nativos, y uno de los más bellos y vírgenes lagos del sur de Chile:
el Todos Los Santos. Esta diversidad paisajística y la
dominante presencia de sus volcanes, han convertido a este parque
en uno de los principales destinos de la región de Los Lagos,
ya que dentro de sus límites el visitante no sólo puede observar
el paisaje, caminar u observar la flora y la fauna de la zona,
sino que también puede disfrutar de los baños termales, del esquí,
de paseos en botes y de la pesca, entre otras cosas. PATRIMONIO
NATURAL El parque se ubica en una zona
donde el volcanismo activo ha sido, junto a procesos tectónicos
y glaciales, los factores que dieron forma a la cordillera de
Los Andes.
Las mayores alturas corresponden a cumbres volcánicas de diferentes
antigüedad, sobresaliendo el volcán Puntiagudo (2.490 msnm) y
el Osorno (2.661 msnm) entre los más recientes y la Picada ( 1.710
msnm) y el Tronador (3.491 msnm) entre los más antiguos. El retroceso de los glaciares y la
aparición del volcán Osorno, permitió la formación del lago Todos
los Santos, rodeado de elevadas montañas de fuertes pendientes
y con desagüe en el río Petrohué hacia el estuario de Reloncaví.
La actividad volcánica se manifiesta también de manera indirecta
a través de una serie de baños termales, entre los que se pueden
señalar los de Vuriloche, Ralún, El Callao y otros. El lago Todos los Santos o Esmeralda,
de 2.219 km2 de extensión está incluido en los límites del parque
. Se encuentra a 190 msnm y recibe numerosos afluentes, entre
los que destacan; el río Peulla, que nace de los ventisqueros
del volcán Tronador, y los Negro, Puntiagudo, Blanco, Chilcón
y Cayutúe. Este último drena la laguna del mismo nombre, ubicada
en el sector suroeste del parque. La mayor parte de los bosques del
parque corresponden al tipo Siempreverde, desarrollado en
una amplia gama de ambientes. En lugares planos y de mal drenaje
como la laguna Cayutúe, predomina el bosque Húmedo de Galería
compuesto principalmente por canelo, coigüe, patagua y pitra. En las riberas del lago Todos los
Santos se presenta el olivillo, que forma bosques puros o mezclados
con ulmo, tiaca y coigüe. La formación Siempreverde más importante
es el Bosque de coigüe, que se sitúa entre los 200 y 1.000 msnm,
asociados con ulmo, tepa, tineo en el estrato superior y con una
rica cubierta inferior de arbustos, trepadoras, quila y helechos.
El alerce
se desarrolla entre los 800 y los 1.000 msnm, ocupando pendientes
escarpadas y terrenos pantanosos. A mayor altura aparece el bosque
de lenga, en un comienzo mezclado con coigüe, para luego formar
agrupaciones puras, hasta el límite vegetacional, en donde crece
achaparrada. Entre los mamíferos que es posible
observar destacan el pudú o ciervo pequeño, el puma,
la güiña, el gato montés, el
zorro chilla o gris, el huillín o nutria del río y
el quique o hurón. Se presentan a su vez dos especies de marsupiales
chilenos: la comadreja trompuda y el monito del monte. Entre las aves que se encuentran
en el parque, es importante destacar la presencia de huala,
el pato quetro, el pato correntino, el martín pescador, el traro,
el picaflor chico, el
carpintero negro, el canquén, la tagua común y el águila. Entre los peces se destacan la trucha
chilena y las especies introducidas como la trucha arcoiris y
la trucha café. PATRIMONIO
HISTÓRICO O CULTURAL
El área del parque no tuvo
una ocupación indígena permanente, sin embargo es una zona de
influencia huilliche, pueblo que habitaba más al occidente. Por
otro lado, hoy sabemos de la existencia en el pasado de un tráfico
comercial con los poyas y puelches, indígenas del lado oriental
de la Cordillera de Los Andes. Uno de los rasgos de mayor interés
del parque lo constituye la búsqueda del camino de Vuriloche
durante el siglo XVIII por los jesuitas de Chiloé, con el fin
de fundar misiones en la región de Nahuelhuapi. Este paso, al
sur del volcán Tronador, evitaba los riesgos de la ruta de las
lagunas que requería cruzar la laguna Cayutúe y el lago Todos
los Santos. El camino de Nahuelhuapi fue usado,
según lo señalan las crónicas, para comunicar Chiloé con las ciudades
del norte, luego de la gran rebelión de los indios el año 1.600.
La búsqueda de la Ciudad de los Césares y la evangelización de
los indios poyas y puelches, impulsaron a exploradores y misiones
a arriesgados viajes, quienes por lo general utilizaron la ruta
de las lagunas internándose en la Cordillera desde Ralún, en el
Estuario de Reloncaví. De esta época surgen los nombres
del capitán Juan Fernández (1620), y de los padres Nicolás Mascardi,
fundador en 1670 de la misión de Nahuelhuapi, y Felipe de la Laguna.
Finalmente el padre jesuita Guillél no encontró el camino de Vuriloche,
hasta que en 1900 fue redescubierto por el capitán chileno Arturo
Barrios. Finalmente, la colonización de la zona del parque
se inició a fines del siglo XIX, cuando fue reabierto el paso
Vicente Pérez Rosales, iniciándose un tráfico permanente con Nahuelhuapi.
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