MI PRIMER CLIENTE
Era la primera
quincena de enero en medio de las
pampas de la zona de Coyhaique, y las
condiciones climáticas se
habían mantenido bastantes
estables. Se veía una gran
abundancia de saltamontes durante
todo el día y las eclosiones
de insectos -ephemeroptera (mayflies)
y palomitas (caddis)- se
mantenían a la misma hora en
las tardes. Estaba nervioso y
temía que el cliente se dieran
cuenta que era la primera vez que
guiaba.
Ese día
me había levantado temprano,
la temperatura del agua a esa hora
era de 10° C, muy positiva para
la pesca, y las truchas iban a estar
muy activas. Lo sabía. La
jornada prometía y eso me
alegraba mucho; era importante que
las condiciones se mantuvieran
durante toda la semana, para asegurar
excelentes resultados.
Y ahí en
el aeropuerto estaba con mi jefe
esperando a mi primer cliente, John
Maechling, un gringo de 1.90 m.,
macizo y con el pelo blanco. Llevaba
unos anteojos oscuros y al saludarnos
no logré ver su mirada.
"¿Se habrá dado
cuenta?", pensé. Esta
sensación, no muy buena, me
llegó al subconsciente,
imaginando que él me acosaba
con preguntas técnicas que yo
no sabía contestar. Este tipo
de situación debe ser la peor
pesadilla para cualquier
guía.
Resultó ser un caballero muy
agradable y educado.
Comenzamos esa
misma tarde a pescar a orillas del
río. Me preguntó
qué mosca debía ocupar,
sugerí un saltamontes (daves
hopper). Mientras yo ponía la
mosca en la punta de su línea,
John tomaba la temperatura; para su
asombro, estaba más caliente
de lo que acostumbrada: entre los 13
y 14° C. Comenzó a lanzar
y me llamó la atención
cómo doblaba su muñeca.
El trayecto de la línea
tampoco era muy homogéneo.
Producto de esto sentí
peligrar mi integridad física,
por lo que comencé a
distanciarme lentamente. Cuando
"estrelló" la mosca contra las
tranquilas aguas moví la
cabeza en signo de
desaprobación. Para colaborar
un poco más al desastre,
recogía la línea
violentamente, produciendo un gran
disturbio en el agua con la
mosca.
|
Para mi asombro,
le picó al cuarto de segundo.
John, muy contento, me
felicitó por la
elección de mosca. Yo no lo
podía creer, debía ser
suerte de principiante o el pescado
no estaba prestando atención.
Era un lindo fario de 10 pulgadas,
no muy grande, pero si lo suficiente
para poner a un cliente feliz con su
primera lanzada.
Si bien es
cierto su técnica de
lanzamiento no era de lo mejor,
continuó dando resultado, para
mi asombro, por lo que me puse a
observar qué estaba haciendo.
Mi cliente, ponía la mosca en
el lugar correcto y la mayoría
de las veces tenía el leader
estirado, ambos factores muy
importantes, eran correctamente
ejecutados, sin embargo, lo que no
podía entender era la
presentación de la mosca, que
golpeaba fuertemente en el agua,
produciendo un gran disturbio. Me
imaginaba que con ese golpe iba a
espantar a todo ser viviente a un
kilómetro a la redonda (de
hecho logró asustarme a
mí).
Después
de un rato de reflexión sin
éxito, decidí sentarme
y dejar a John solo. Mientras
divagaba con el precioso paisaje y
los pensamientos en mi polola (al fin
y al cabo uno echa de menos), me
crucé con la mirada de un
saltamontes: estaba en mi pierna y
antes que saltara, lo agarré.
Sin pensarlo avancé varios
metros río arriba y
localizando un lugar perfecto, me
metí entre las matas y
lentamente me acerqué a la
orilla (teniendo cuidado de no
espantar los peces de mi
cliente).
|
Ahí
estaba mi conejillo de indias: una
arcoiris de unas 14 pulgadas, pegada
contra la orilla, que miraba
río arriba. Mi posición
era de unos dos metros detrás
del pez. Sin vacilar, revisé a
mi víctima, corté una
de sus largas piernas y la
lancé. Noté al instante
que iba a caer mas atrás con
respecto a la trucha, no muy contento
me percaté del golpe que
produjo en el agua. Quizás no
tan fuerte como la mosca del gringo,
pero llamó la atención
de la trucha. El saltamontes se
quedó quieto un segundo,
despistando un poco a la arcoiris.
Pero cometió un gran error: se
puso a saltar con la única
pierna que le quedaba, produciendo
disturbio en el agua.
Eso bastó
para que el pez se percatara y para
que con un movimiento rápido y
decidido, terminara con la vida del
saltamontes. Después de ese
gran espectáculo,
entendí el por qué de
la "técnica" de John. La
presentación de la mosca, en
este caso el saltamontes, cae al agua
produciendo un disturbio que llama la
atención del pez. Ahora, que
sea tan fuerte, no lo sé.
Quizás el pescado que le
picó a John tenían un
problema auditivo.
|
Lo sorprendente
fue el movimiento que el insecto hizo
en el agua, tratando de salvarse y
salir hacia la orilla. Eso se
compara con el movimiento que John
daba a la mosca con la línea mientras
recogía, estimulando a la
trucha y engañándola
para que se fijara y mordiera la
mosca. La duda que me queda es:
¿existirá algún
tipo de ritmo especial para recoger
la línea? Uno muy
rápido y sin pausa
podría delatar que la mosca
viene atada de algo, espantando al
pez; muy lento quizás no logre
llamar la atención.
Simplemente hay que pensar como un
saltamontes que cae al agua y...
¿saltar por el pellejo?
|