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RUTA DEL
VINO VALLE DE COLCHAGUA
Nuestro destino se encuentra a un par de horas al sur de Santiago, hacia la costa, en el fértil valle regado por el
río Tinguiririca. Es un territorio netamente agrícola habitado por gente de diverso origen, campesinos, comerciantes,
ricos empresarios y tradicionales familias de noble linaje. Gente que convive y se entremezcla en la actualidad en animada actividad tras el progreso y el buen vivir.
Y su eje está en la ciudad de Santa
Cruz, que
se ha convertido en el centro de una actividad tradicional de la zona central
y que ha hecho famoso a nuestro país en el
mundo entero: la vitivinícola.
En estos tres días de permanencia en el valle, sentiremos el calor del hospedaje de un hotel cinco estrellas; los placeres del buen comer de su restaurante, el asombro de los tesoros que encierra un museo
increíble; los sorprendentes procesos y tecnologías del
proceso vitivinícola; el espíritu y sabor de sus vinos en la compañía de su cálida y acogedora gente. Nos transportaremos al pasado sintiendo lo que era
vivir y trabajar en una hacienda patronal y para terminar, viviremos el sabor de la vida típica campestre con sus salidas a caballo, asados entre pollos,
perros, patos y animados por el vino y la atención de típicos huasos chilenos.
Hotel Santa Cruz Plaza
Al llegar a la plaza de Santa Cruz y torcer levemente a la derecha nos encontramos frente a frente a
este orgulloso hotel de bien otorgadas cinco estrellas, con su cálido color anaranjado, sus ventanas de madera, sus balcones de fierro
forjado, todos materiales propios de la tierra que visitamos.
¿Qué hace esta maravilla de cuatro pisos en este sencillo y típico pueblo del campo chileno, ricamente
adornado con abundancia de materiales de la zona, entre mezclado con valiosas obras de arte y última tecnología en ascensores?
La gente que trabaja en el hotel no puede pasar inadvertida; irradian el orgullo y la tranquilidad de
saberse parte de algo hecho, no solo de la mejor manera posible, sino con todo el corazón. Ya en la recepción se siente la calidez, la
acogida y la alegría de atender a sus visitantes.
Es poco probable que uno no se encuentre, ya sea en los pasillos, jardines o sentada en las mesas del restaurante, a su administradora, que trabaja más horas que las razonables en el hotel, pero que no puede evitarlo, pues lo siente, de verdad, otro hijo suyo.
Todos están embalados en este proyecto turístico, que ha impulsado la pasión, el espíritu
perfeccionista, la calidez, de un destacado empresario chileno. Él es un personaje, que si usted no
lo conoce, se sorprenderá al enterarse que esa persona que en más de una ocasión lo abordó cordialmente y sencillamente,
ya sea para orientarlo o quizás explicarle algo que miraba con curiosidad, en el hotel o en el museo aledaño, era nada menos
que este notable e inquieto hacedor de cosas.
La estadía en el hotel y destacadamente, la comida de su restaurante, hicieron nuestra estadía
en él, inmejorable.
Veremos por aquí y por allá verdaderas obras de arte, como un fresco en el comedor, un vitral en el primer descanso de la
escalera, un cuadro en el techo de la recepción.
También destacada la modernidad de un ascensor vidriado, de última tecnología, y todo esto
entremezclado con abundancia de materiales de la zona, hasta los mimbres de Chimbarongo.
Museo de Colchagua
El museo es cuento aparte. Su sola visita justifica el viaje de dos horas y media desde Santiago.
Da gusto ver algo tan bien hecho, en construcciones de clásico formato chileno, rebosa de objetos de distinta naturaleza,
desde piezas prehistóricas de insectos conservados en ámbar y restos de animales de gran tamaño, adornos y utensilios de
pueblos primitivos que habitaron esta y otras regiones de Latinoamérica, montaje de escenarios para viajar al pasado
colonial, prehispánico y prehistórico, para imaginar a nuestros antepasados en variadas escenas de su vida, armas de
distintas épocas, vestuario, carros, carruajes, maquinaria agrícola antigua, e incluso todo un completo tren a vapor,
que incluye locomotora y carro de pasajeros, de los primeros llegados a Chile.
En mi caso no pude evitar ir dos veces, para repasar sectores que mejor me conectaron con el
pasado del planeta y sus habitantes; y otra cosa, este museo no esconde como otros, piezas de explícita sexualidad,
que fueron obras, no sabemos si rituales o de adorno, de nuestros antepasados.
Me pareció que lo que mejor representa el espíritu que alberga este museo es una placa
con el siguiente texto, justo al terminar el circuito normal de recorrido: “Estimado visitante: si a través de lo que hemos presentado ha podido sentir la inmensidad de la creación, la riqueza
de nuestra historia y sobretodo el inmenso orgullo de haber nacido en esta tierra, entonces habremos logrado nuestro
objetivo“.
Ruta del Vino
Los hacendados del valle de Colchagua se han organizado para implementar lo que han llamado la Ruta
del Vino, que conlleva para sus asociados una serie de compromisos y tareas,
destinadas a recibir y presentar a los turistas sus instalaciones, procesos
y productos de la mejor manera posible.
La Ruta del Vino consiste en un circuito de visitas a viñas, en donde se podrá ver el proceso
productivo de los distintos tipos y variedades de vinos, su tecnología, el ambiente campestre e industrial entremezclado y
en algunos casos se verá la historia y tradición de nobles familias que hicieron su instalación en este fértil valle en la
época de la colonia.
La invitación es entonces, a dejarse sumergir en esta atmósfera que tiene como elemento base de asentamiento el sencillo y
tradicional campo chileno, habitado por su gente, que reúne variados orígenes, que de alguna manera conviven armoniosamente,
desplegando su carácter sencillo, cálido y acogedor, orgulloso y trabajador.
Nosotros nos entregamos a la gentil atención de nuestros anfitriones que en cómodos vehículos
de transporte nos llevaron por las rutas del valle. En el trayecto una hermosa guía nos deleitó con documentados relatos acerca de todo el proceso de producción: de las características de la vid, ruda planta, capaz de
resistir las más difíciles condiciones climáticas, generando al final del proceso exquisitos e inspirantes vinos de los más variados sabores y aromas. Una vivencia que, con algún cuidado con los excesos,
les puede hacer pasar
un inolvidable, didáctico y alegre paseo.
Viña Santa Laura
Visitamos la moderna viña boutique Santa Laura, o Viña Laura Harling, aquella que en sus botellas
presenta una hermosa figura de mujer. Nos llamaron la atención sus hileras de estanques de acero inoxidable, su hermosa bodega
donde -a la vista de las largas filas de barricas de encina donde madura el vino en la oscuridad y el silencio- degustamos los
primeros y exquisitos mostos.
Viña Bisquertt
Esta viña es de mucho más larga data. Sus instalaciones son antiguas, construcción robusta y con
agradables jardines, presenta una muestra de distintas tecnologías utilizadas en el proceso industrial del vino a lo largo de
los años. Esta viña nos sorprendió con su magnitud. Vimos fudres de raulí, estanques en acero
inoxidable, incluso habían unos de cemento.
Gran preocupación por la limpieza y por la calidad del producto final. Pensé que abrir las puertas a visitantes desconocidos que hurgaran en todos sus recintos y preguntaran por sus procesos,
demuestra no sólo una gran tranquilidad y
confianza en lo que hacen, sino que también mucha generosidad.
Bueno, al final la infaltable degustación nos impactó por la exquisitez y generosidad de unos
tintos que ya mpas expresivamente honramos. Todo ello disfrutando de la vista de una importante colección de coches.
Y por supuesto compramos unas botellitas de estas delicias para compartir con nuestros amigos en Santiago.
Museo El Huique
Si usted va a la ruta del vino de Colchagua, al hotel Santa Cruz y su colindante museo, no puede dejar
de visitar el museo de El Huique, que queda a unos 20 minutos en vehículo.
Se trata de una importante casa patronal, que fue propiedad de una familia de la tradición chilena,
de origen vasco, que incluye entre sus miembros al presidente de la república Federico Errázuriz Echaurren (1896 – 1901).
Estas casas, que incluyen una no despreciable iglesia, fueron donadas al ejército por la familia,
con el objeto que su cuidado perdurara en el tiempo. En la actualidad es un museo abierto al público.
Entrar en El Huique, guiados por una entusiasta y orgullosa guía, bisnieta del
que fue mayordomo de la casa, Matías Contreras, es entrar en las sensaciones del tipo de vida que llevaron estos hacendados,
nobles familias de tradición y aristocracia de la historia de Chile.
La experiencia de transportarse al pasado, asombrarse de la precariedad de equipamiento,
hoy tan presente en nuestras vidas, las dificultades de la producción, preparación de comidas y conservación de la época,
nos recuerda nuestros malls donde todo está listo para consumir en inmensas variedades a elegir.
Nuevamente salimos valorizando la importancia de la historia para desde ella observar el mundo
en que vivimos, y todo ello en una exquisita experiencia tan a la mano.
Agroturismo El Arrayan
Quizás por mi origen tan ligado al campo, llegar a este campo donde se desarrolla este proyecto de
turismo, me produjo muy gratas sensaciones.
Nuestro anfitrión, lidera todas las actividades vestido en tradicionales prendas
de huaso, rebosando alegría y cordialidad.
Est án disponibles buenos caballos chilenos, para paseos programados, con caza de conejos y zorros incluido, con una manada de
finos perros de caza, y la compañía de bien preparados guías.
Las instalaciones producen un perfecto ambiente típico campestre, con pesebreras, frondosos
árboles bajo los cuales se reparten mesas, sillas, horno de barro, fogones bien provistos de parrillas para los fuegos, y una
casa campesina completamente ambientada como una típica casa de campo de huaso, con cocina, pieza de estar y dormitorio
donde la siesta después del asado invita.
Nosotros pasamos brevemente a conocer este lugar, pero quedamos fuertemente ilusionados con
pasar un día completo ahí inmersos en las actividades que se nos ofrecieron, pensando en hacerlo en un grupo numeroso, ya sea
de familiares o de empresa.
En síntesis, quedamos sorprendidos de la riqueza de sensaciones y emociones que este paseo
de tres días y dos noches nos regaló. Me sentí orgulloso del ser chileno, la calidez, la sencillez del territorio y la importancia
y presencia de nuestra gente en este oferta turística que un valle como el de Colchagua está ofreciendo con el ñeque y generosidad
que espíritus emprendedores, están impulsando. Se los recomiendo, de verdad.
Galería de Fotos
Arriba
Colaboración de Gabriel Bunter
B.
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