La Ruta del Arriero
Una Cabalgata al Corazón de la Cordillera de Los Andes
Texto y fotos: G. Salinas
En la Zona Central de Chile, la Cordillera de los Andes no es tan
elevada como en el norte, sin embargo, encontramos cerros escarpados
y esbeltos que superan ampliamente los 5.000 msnm, cubiertos con
nieves eternas y que dominan con su presencia todo el valle central.
Cuatro grandes cajones surcados por los ríos Aconcagua,
Mapocho, Maipo y Cachapoal, cruzan transversalmente la cordillera
en esta zona, y son muchos los pequeños ríos -y respectivos
cajones- que llegan a éstos. Es en estos cajones, que como
un laberinto se internan en la cordillera, donde encontramos los
valles cordilleranos y donde los arrieros se desenvuelven como si
estuvieran en el patio de su casa.
Dedicado al cuidado de los animales -vacas, caballos o cabras-,
el arriero debe preopuparse permanentemente de que no les falte
alimento, en invierno o en verano, y para ello traslada grandes
rebaños de una vega a otra, entre el intrincado laberinto
de cajones cordilleranos. Además, de procuparse de su alimento,
debe protegerlos de los depredadores naturales y de oficiar de veterinario
si la ocasión lo requiere.
Recorrer los valles cordilleranos, a lomo de caballo y en compañía
de arrieros, permite no sólo aventurarse en un mundo diferente,
sino que además, conocer a este personaje en su particular
forma de vida y de ver el mundo.
A
lomo de caballo
El viaje comienza de madrugada, cargando mochilas y equipo en el
vehículo que nos llevará desde Santiago a Farellones
donde nos esperan los caballos y mulas, y con los cuales nos internaremos
por todo un fin de semana en el corazón de los Andes Centrales.
El viaje es tranquilo. Son los primeros días de enero y
sólo en la cumbre de los cerros más altos hay nieve...
se ven desnudos con una vegetación que no pasa de matorrales
y árboles de baja estatura. Finalmente y luego de 40 curvas
llegamos a Farellones sobre los 2.400 metros sobre el nivel del
mar.
Luego de una confortante taza de café que ayuda a espantar
el sueño y reanimar el cuerpo, comienza la tarea de descargar
el vehículo y cargar las mulas. Esta última tarea
queda en manos de los arrieros que nos acompañarán
en la travesía, ya que sólo su ojo experto y conocimiento
de los animales le permiten cargar adecuadamente las 4 mulas que
llevarán el equipaje.
También son los arrieros quienes asignan los caballos que
montará cada uno de los participantes. Dependiendo el peso
y grado de experiencia del jinete, los caballos y yeguas, son repartidos
entre los integrantes del grupo. En total, 14 caballos, 14 jinetes
y cuatro mulas, están prontos a partir cuando el sol tímidamente
comienza a entibiar el ambiente.
El primer destino es la zona denominada "Los Lunes",
a unas cuantas horas de distancia de Farellones. El recorrido comienza
tranquilamente... jinetes y caballos acostumbrándose los
unos a los otros... midiendo temperamento y velocidad. A la cabeza
del grupo, Fernando, nuestro arriero-guía, nos muestra el
sendero que atraviesa, en esta primera etapa, terrenos que están
a la izquierda del camino que conduce al centro de esquí
Valle Nevado. Siguiendo por unos metros a orillas del camino, el
grupo lo cruza y continúa ahora por la derecha de la ruta,
cada vez separándose más de ésta y acercándose
al cajón del río Molina.
Se nos escapó una mula. La blanca... y era la que cargaba,
entre otras cosas, mi mochila... Nadie se dio cuenta cuando la muy
ladina ya no quiso acompañarnos y decidió volver a
casa. Patricio, nuestro segundo arriero-guía, partió
a galope tendido en busca de la fugitiva mientras el resto del grupo
iniciaba el descenso al cajón del río Molina.
Para quienes no acostumbran a andar a caballo y menos aún
por terrenos como éstos, la experiencia puede ser un poco
intimidante. La huella que los caballos siguen baja serpenteando
por una inclinada ladera y no alcanza a tener 1 metro de ancho.
El paisaje es igualmente intimidante. A un par de horas del último
asentamiento urbano y ya estamos en otro mundo, con otro ritmo,
con otras reglas. El ser humano es insignificante al lado de la
magnificencia de la montaña.
Arturo, nuestro anfitrión, me explica que "Los Lunes"
es uno de los lugares preferidos por los arrieros para pernoctar.
Allí hay un pequeño riachuelo rodeado por un bosquecillo
de lunes, que nos ofrece el lugar ideal para comer algo, refrescarnos
un poco y estirar las piernas. A esa hora, cerca de la 1 de la tarde,
el sol es implacable.
Resulta indispensable al realizar una excursión de esta
naturaleza, utilizar bloqueador solar, sombrero con ala y lentes
para el sol. Utilizar ropa delgada y liviana que cubra todo el cuerpo
y lo proteja, especialmente las piernas, no solo del sol sino del
roce con el caballo.
Luego de un breve descanso, tanto para jinetes como caballos, reanudamos
la marcha, ya que debemos llegar al lugar donde acamparemos antes
que anochezca: Ojos de Agua.
El sendero se interna más hacia el este, por el cajón
del estero El Cepo, afluente del río Molina. Las aguas de
ambos cauces tienen un color blancuzco producto del sedimento que
acarrean debido a los deshielos. A lo lejos, en un pequeño
e inusualmente verde valle, encontramos un único y solitario
árbol... un peral. Junto a él, un provisorio refugio
construido por los arrieros, constituye su lugar de descanso durante
la temporada estival.
Dejando atrás El Peral, y continuando por el cajón
que poco a poco se va estrechando, los caballos avanzan ora por
las laderas ora por las planicies, siguiendo el sinuoso sendero
entre montañas. Nuestros guías nos dicen que debemos
apurar el paso, debemos llegar a Ojos de Agua pronto para descargar
los animales y armar el campamento antes de que oscurezca y descienda
la temperatura. A pesar de que estamos en pleno verano, en los cajones
andinos durante el día el calor puede ser intolerable pero
en la noche las temperaturas pueden llegar a ser muy bajas.
Llegamos a Ojos de Agua. Este lugar es una amplia planicie con
pequeñas lagunitas que se generan por el cauce del río
Cepo. Además, hay una vertiente de aguas puras y cristalinas
que surge de la base del cerro. Luego de estirar las piernas, amarrar
los caballos, soltarles un poco la montura y dejar que pasten, podemos
observar con tranquilidad el entorno. Nuestros arrieros-guías,
mientras tanto, comienzan a descargar las mulas y a quitarle las
monturas a los caballos.
Una vez con nuestros pertrechos en tierra, nos disponemos a organizar
y armar el campamento. Disponemos las carpas unas junto a las otras,
y luego armamos lo que será el "comedor", una gran
tienda donde pondremos mesas de camping y las cosas para cocinar.
Ya que todo esté listo, Cristian, nuestro experto cocinero
y guía, comenzará la preparación de una deliciosa
parrillada.
Ya ha oscurecido y el frío se hace notar. Con gorritos,
ropa abrigadora y situados estratégicamente junto a la fogata,
no sólo nos mantenemos calentitos, sino que además,
disfrutamos de las anécdotas e historias de Fernando y Juan
Carlos en sus viajes por los valles cordilleranos conduciendo sus
animales a los lugares de pastoreo.
Sólo vasta un vistazo al cielo para quedarse con la boca
abierta. Si las montañas son sobrecogedoras en el día...
el cielo lo es en la noche. Las estrellas parecieran estar muy cerca
y se distinguen claramente las constelaciones.
Es la hora de meterse en el saco y dormir. El siguiente día
nos espera un tanto agitado. Hay que tomar desayuno, levantar el
campamento y dejar todo listo para partir, pues iremos a hacer una
pequeña incursión a caballo río arriba, por
un par de horas, y luego debemos volver, recoger las cosas y las
mulas, e iniciar el regreso a Farellones, esta vez sin escala.
La mañana siguiente surge esplendorosa. Luego de un refrescante
y frío baño en las aguas del Cepo, tomar desayuno,
alistar todo y partir. Debemos cruzar el río en tres partes
y si bien no lleva mucha agua, el caudal es turbulento y turbio.
Toda una aventura para los neófitos. La yegua pinta que cabalga
Yolanda, se resiste en medio del estero antes de cruzarlo completamente.
Una espectacular caída de agua de un estero que cae por
el costado izquierdo del cajón llama nuestra atención
y nos desviamos del sendero para llegar a ella. Luego, para volver
a la ruta, debemos bajar por unos acarreos. Si ya es una aventura
bajar por el propio pie unos acarreos, imagínese hacerlo
sobre un cuadrúpedo.
Continuamos un par de kilómetros más, pero debemos
volver. Es tarde, y no podemos llegar a Piedra Numerada, nuestro
destino final. Para otro viaje será.
Para nuestra sorpresa, el viaje de vuelta es guiado por... las
mulas. Tomando rápidamente la delantera, estos animales conocen
perfectamente el camino de vuelta y a pesar de la carga, lo realizan
con mucho entusiasmo (así se deshacen de la carga). Y los
caballos no se quedan atrás en esto. Si de ida había
que exigirles un paso más ligero, de vuelta hay que contenerlos
un poco.
Casi todo el camino de regreso me era familiar. Sin embargo, en
un momento determinado, noté que las mulas seguían
un camino que subía por la ladera del cajón. El sendero
se empinaba cada vez más y me inquietó el que hubiéramos
errado el camino de vuelta y la altura a la cual nos encontrábamos.
Arturo me tranquilizó. Si no hubiéramos pasado a "Los
Lunes" en nuestro trayecto de ida, hubiéramos bajado
al cajón por este sendero. Menos mal que hicimos el cambio...
hubiera sido muy inquietante hacer ese camino de bajada.
La llegada a Farellones fue sin problema. Aparentemente, no sólo
las mulas deseaban volver rápido al hogar. Dos días
a lomo de caballo, para quienes no tienen costumbre, no es algo
que el cuerpo no resienta.
Nuevamente, descargar y cargar, no a las mulas, sino que al vehículo
que nos llevará de vuelta a Santiago. Luego de las despedidas
y agradecimientos a nuestros arrieros-guías, que nos cuidaron,
entretuvieron y asesoraron durante la cabalgata, prometemos volver
con más tiempo y terminar el recorrido.
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Bajo Cumbres
Con la finalidad de potenciar a la Zona Central de Chile
como una región que también posee importantes
destinos turísticos naturales, y además como
resultado de una inquietud personal, Arturo Ramirez, Gerente
General de Apart Hotel Buenavista, ha creado una serie de
viajes a la precordillera y cordillera donde destaca dos elementos
fundamentales: la Cordillera de los Andes como un destino
natural del cual aún queda mucho que explorar, y el
arriero, un personaje típico cuyo conocimiento de ésta
y sus misterios es de gran interés para el turista.
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Todas las rutas, ya sean de uno o más días
de duración, que se recorren en las cabalgatas utilizan
los mismos senderos y lugares de descanso de los arrieros:
El Peral, Laguna La Parva, Los Lunes, La Leonera, Ojos de
Agua, Vega Piedra Numerada, Puente de Nieve y La Pastosa.
Cada una de estas rutas nos lleva a lugares donde la majestuosidad
de la cordillera se muestra en todo su esplendor y donde la
tranquilidad y el relajo se apoderan del espíritu.
Para Bajo Cumbres, marca a través de la cual Apart
Hotel Buenavista realiza estos viajes, la seguridad es primordial.
Para ello, cada viaje es informado con detalle a Carabineros,
y se cuenta con equipo de radio, celulares, botiquín
y una arriero de emergencia. Previo al viaje, cada participante
del grupo recibe una lista con el equipo que deben llevar,
ración de marcha y ropa.
Antes de cada salida, el grupo recibe instrucciones sobre
cómo andar a caballo e información acerca de
la ruta. Los viajes pueden ser realizados sin problemas por
personas de entre 10 y 60 años de edad, ideal para
familias que disfrutan del contacto con la naturaleza.
Alojamiento
Viajes
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