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Chile : Reportajes : Antartica
A las 2 de la mañana anclamos en Bahía Maxwell, en Isla Rey Jorge. Claramente se podían apreciar las luces de la pista y Base Chilena Presidente Frei, su vecina, la Estación Polar Antártica Rusa Bellingshausen y más al sur, la Base China Gran Muralla. Luego del desayuno desembarcamos bajo un cielo limpio de nubes con un sol radiante, pero con una temperatura tan baja que el aire se podía cortar con cuchillo. Chilenos y Rusos abrieron sus tiendas de souvenirs que atrajeron inmediatamente nuestra atención. Tuvimos la suerte que un transporte anfibio Ruso se dirigía hacia la Base China y junto a nuestro guía aprovechamos el viaje para visitar la Base China. Un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Chilena, aterrizó en la pista teniente Marsh, trayendo nuevos científicos y materiales a la zona. Los Rusos nos mostraron su Estación Meteorológica, nos ofrecieron té, refrescos e inmediatamente fuimos contagiados con sus cantos, música de armónicas, acordeón, bailes folklóricos y su gran alegría de vivir. El viento comenzó a soplar y tuvimos que adelantar nuestro regreso al barco. Con gran tristeza nos despedimos de nuestros nuevos amigos y dejamos Isla Rey Jorge para tomar rumbo a la Bahía Yankee.
El viento ya soplaba con magnitud de tormenta, por lo que consideramos cambiar nuestra ruta a Bahía Media Luna, donde pudimos ver la pequeña Estación Argentina Teniente Cámara y a la izquierda de la estación, observamos varias Focas de Piel y Pingüinos Barbiquejo, pero el tiempo empeoró y nuestros guías determinaron, por razones de seguridad suspender la excursión a tierra, por lo que nos quedamos a bordo gozando del maravilloso paisaje del glaciar que cae por las laderas de la montañosa Isla Livingston. El capitán decidió volver al Estrecho Bransfield y poner rumbo noreste, divisamos la Isla Greenwich y luego viramos rumbo norte, al Paso Drake, a través del Estrecho Nelson, diciendo adiós al continente Antártico. La navegación no estuvo tan mala, lo mismo que el tiempo, tuvimos todas las estaciones del año cada dos o tres horas. Nuestros charlistas nos ofrecieron un vigoroso programa de interesantes charlas que nos mantuvo ocupados todo el día. Durante la noche y a modo de despedida el Paso Drake nos mostró en toda su magnitud su tristemente célebre fama. Día 11
En la mañana con mucha dificultad alcanzamos el puente de mando, para ver como el capitán se esforzaba para ofrecernos la mejor navegación posible entre espumosas olas de unos 8 a 10 metros de altura, un viento infernal, lluvia, nieve, en fin todo lo peor, pero la calma y profesionalismo de la tripulación y nuestros guías, ayudaron a calmar nuestros temores y condenados a pasar de la mejor manera posible el duro momento, personalmente decidí gozar de esta maravillosa manifestación de la naturaleza, pegado a una ventana del puente de mando. Rápidamente la aguja del barómetro comenzó a subir, cesó el viento, dejo de llover, las nubes se abrieron y el mar se fue calmando mientras divisamos el Cabo de Hornos. Ingresamos a aguas territoriales chilenas rodeados de aves, delfines y un mar extrañamente calmo. El capitán encabezó la Cena de Despedida, donde pudimos expresarle nuestra admiración y respeto por su magnífico trabajo y el de sus oficiales que nos transportaron con profesional seguridad, confortablemente dentro de las condiciones imperantes y por sobre todo, con cordialidad y amistad. Siempre los tendremos en nuestros recuerdos, lo mismo que a todos los que participamos en esta expedición. Día 12 En la mañana siguiente despertamos amarrados nuevamente al continente en el Puerto de Ushuaia y en el horario programado. Mi corazón y espíritu rebosantes de conocimiento y emociones vividas traen a mi mente un poema de mi amigo el escritor, poeta y hombre antártico chileno, Embajador Oscar Pinochet de la Barra: "Hielo es noble
material de eternidad
Con hondo pesar desembarco, me despido de todos y cada uno de los compañeros de viaje y tripulación, y mientras camino por el puerto rumbo a la ciudad, una renovada alegría parecida a una de las tantas ráfagas de viento Antártico surge de mi interior, me doy cuenta que sonrío y me siento más pleno y humano que cuando comencé el viaje. Esto es por lo que vale la pena vivir. Un pensamiento de San Agustín, tomado de uno de los libros de Quark Expeditions a bordo del barco, "El mundo es un libro y aquellos que no viajan, solo han leído una página de este libro". Fotos: Quark Expeditions y Pedro Chanceaulme
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